Materiales que aumentan resiliencia ante desastres naturales

Materiales que aumentan resiliencia ante desastres naturales

Archdaily | Eduardo Souza –  Se sabe que los bosques de eucaliptos en Australia se queman periódicamente. Es la forma que tienen los árboles de asegurar su propagación, ya que sus frutos -conocidos como “Gumnuts“- tienen una capa aislante que se rompe con el calor del fuego. Una vez que se abren, el suelo quemado se cubre con semillas, iniciando un proceso de renovación del bosque. Glenn Murcutt, un arquitecto australiano, ha creado un cuerpo de trabajo arraigado en el paisaje del país. Sus casas innovadoras abrazan la posibilidad de incendios frecuentes, incluyendo elementos que permiten controlar el fuego con la menor pérdida posible. En definitiva, las casas están construidas con materiales muy ignífugos, cuentan siempre con enormes depósitos de agua y un “sistema de inundación” que permite salvar el edificio y su entorno inmediato en caso de incendio forestal.

Sin embargo, lo que ha demostrado la situación australiana es que los bosques de eucaliptos no son los únicos que se están quemando; sus bosques tropicales también están siendo quemados, devastando grandes porciones del territorio australiano. Lamentablemente, este país no es una excepción mundial. Con la intensificación de la crisis climática, los desastres naturales se han vuelto más frecuentes y severos. Lamentablemente, solo se intensificará si no se hace nada. Esto nos lleva a hacernos la pregunta: como arquitectos, ¿hay formas de mitigar esto?

Según el último informe del IPCC, lo que parecía un futuro distópico es ahora nuestra realidad. “Sequías devastadoras, calor extremo e inundaciones récord ya amenazan la seguridad alimentaria y los medios de subsistencia de millones de personas. Desde 2008, inundaciones y tormentas catastróficas han obligado a más de 20 millones de personas al año a huir de sus hogares”. Aunque la industria de la construcción tiene la responsabilidad de reducir las emisiones de carbono, tendremos que adaptarnos a un planeta extremo que requerirá resiliencia. Según este informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), las redes de infraestructura se verán afectadas por los impactos físicos de la variabilidad y el cambio climático, pero también desempeñarán un papel fundamental en la construcción de resiliencia ante estos impactos. Los eventos extremos ilustran el alcance de esta exposición potencial. En la misma línea, el IPCC estima que la adaptación al cambio climático, solo en los países en desarrollo, alcanzará los US$ 127 mil millones para 2030 y US$ 295 mil millones para 2050.

Superficies permeables para el control de inundaciones

La intensa urbanización de las grandes ciudades de todo el mundo ha sellado grandes extensiones de tierra y, a menudo, canalizado y desviado cursos de agua. Durante fuertes lluvias, es común que los sistemas de drenaje fallen y ocurran inundaciones, trayendo destrucción, daño y riesgo de vida y enfermedad a los residentes. Si las lluvias intensas van a aumentar, junto con el aumento del nivel de los océanos, es esencial encontrar formas de optimizar el uso del agua. Lanzada por NACTO (National Association of City Transportation Officials), la Guía Urban Street Stormwater ilustra una visión de cómo las ciudades pueden utilizar uno de sus mejores activos (sus calles) para abordar la resiliencia y el cambio climático mientras crean espacios públicos agradables. La guía agrega valor social y económico a las ciudades y protege los recursos a través de la reconexión con los procesos ecológicos naturales.

RAIN(A)WAY, a su vez, desarrolla productos que resuelven problemas de agua urbana. Sus tejas almacenan el agua de lluvia de forma visible y original, permitiendo que las superficies retrasen la infiltración del agua en el suelo o infraestructura urbana al reducir su sobrecarga en un evento climático extremo. También hay materiales que abordan estos temas. Por ejemplo, AquiPor es un tipo de hormigón permeable que permite que el agua fluya a través de él, infiltrándose en el suelo, mientras filtra la suciedad, los escombros y las partículas contaminantes inherentes a la escorrentía de aguas pluviales urbanas, gestionándolas de manera ecológica y eficiente. Además, el material utiliza un cemento inherentemente bajo en carbono que requiere una fracción de la energía y emite una fracción del CO2 del hormigón tradicional.

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